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La innovación educativa sólo no es suficiente: faltan los ‘detalles’ organizativos

En www.humanidadesdigitales.es  tengo un resumen de lo que me funciona a nivel educativo en clase En el aula virtual Moodle del centro, hago el ‘trabajo sucio’ con todos los ensayos y errores que soy capaz de imaginar semana a semana. Dos o tres veces al año, escribo post sobre ello en humanidadesdigitales.es Gran parte de las estrategias que presento en las actividades formativas como ponente, están recogidas en ese sitio.

Creo que no me queda ninguna metodología por probar, creo que me quedan pocas herramientas TIC por usar. Desde texto plano hasta vídeo edición, desde clases expositivas hasta flippedclassroom pasando por trabajo por proyectos,  las he tocado casi todas.

Sin embargo, creo que todo esto, tanto a nivel individual como de centro, no es suficiente. La innovación educativa no es suficiente, por sí misma, para transformar la educación como muchos sueñan, como muchos anhelamos.  Y no lo es porque muchas veces no se generalizan los cambios por cuestiones, aparentemente más sencillas, que tienen que ver con la gestión a nivel de centro o administración educativa. Hablo de recursos, de hardware, de wifi, de horarios, de puestos específicos, de estilos de formación, … Algunos pueden pensar que si tuviéramos una varita mágica que tocara al profesorado y lo hiciera ‘creyente’ del trabajo por proyectos, o la flipped Classroom, o el aprendizaje por retos, que el sistema educativo mejoraría completamente. Yo no lo creo. Casi todas las ‘nuevas pedagogías’ tienen más de 50 años y si ahora tienen más éxito es porque su contexto organizativo es mejor, aunque no lo suficiente.

Un centro, hasta el más pequeño, es un complejo micromundo donde conviven padres/madres, alumnado y profesorado con vivencias, creencias y teorías a menudo completamente distintas, y hasta antagónicas de lo que se espera de una escuela o instituto. Y todo ello con la supervisión de administraciones centrales tan lejanas que hay centros que ‘ocultan’ su verdadero ‘know how’ en las redes sociales para no tener problemas con la normativa… 🙁

Es verdad, que el objetivo oficial es el mismo para todos: el rendimiento académico (entendido éste en su concepción más global y enriquecedora del mismo; esto es, no sólo de aprobar vive la escuela sino también de APRENDIZAJE con mayúsculas). Sin embargo, tenemos varios planos de gestión que inciden en este problema: la administración (diseña currículo, ordena asignaturas, etc), el centro educativo (concreta en su proyecto educativo hasta donde le dejan o tiene interés), y el aula (donde el docente programa y actúa) Pero en esta intersección de tres planos es donde la innovación educativa choca con la realidad. Todos los problemas se inician (y se resuelven) en los detalles. Y la innovación educativa no puede llegar a los detalles sin una organización participativa. No sirve de nada tener por escrito las mejores teorías educativas y las mejores buenas prácticas (ya nos gustaría 🙂 ) si después chocamos con obstáculos prácticos, cotidianos que no se solucionan. Puedo poner ejemplos: hay tantos casos … y en muchos de ellos, bastaría cambiar unos párrafos en la normativa para conseguir muchas cosas… y lo saben tantos docentes que parece que hay un muro invisible que ensordece cualquier mensaje hacia la administración

Un caso: pensemos en un centro con índice sociocultural medio en nuestra comunidad. En estas condiciones lo probable es que haya de uno a cuatros grupos de ‘difícil desempeño’ por utilizar la terminología políticamente correcta para los centros de compensatoria. De estos 3 o 4 grupos, lo habitual es que en uno de ellos (quizás FP básica) sea muy difícil llegar al rendimiento de aprendizaje deseado. Transcurre el curso y todos sabemos cuándo el centro ha tenido la suerte de contar con alguien con las condiciones adecuadas para enseñar en ese grupo. No va bien cualquier docente; no podemos engañarnos, igual que no todo el mundo lo haría bien en un centro de compensatoria. Da igual que lo bañes en innovación educativa todo los días, hay que tener un perfil específico, que incluye personalidad, inquietudes emocionales, etc. Pasa un año y todo el claustro comprende la inmensa labor de ese docente. Muchas veces ese docente es eventual y se marcha. Comienza un nuevo curso y ‘le toca’ a otro profesional, genial para cualquier otro grupo menos ese. Es un año de frustración ¿Por qué? Si tenemos ‘centros de difícil desempeño’ ¿por qué no puestos específicos de ‘difícil desempeño’ en centros ‘sin compensatoria’?  No conozco centro público grande que no tenga hueco para estos puestos y, casi siempre, los imparte ‘un compañero eventual’ que se esforzará todo lo que pueda pero que quizás no tenga el perfil para ese puesto.

Otro caso: Formación TIC o quizás TAC 🙂 La red de formación del profesorado sigue año tras año, gastando buena parte de su presupuesto (con buen juicio en mi opinión) en formar al profesorado en el uso de nuevas metodologías que requieren, en mayor o menor medida, ciertos grados de competencia digital. Conozco grandes profesionales con ideas geniales para llevar a cabo proyectos usando las TIC que no lo harán nunca por muchas horas, días o meses que reciban formación. Les cuesta tanto esfuerzo que no sería sostenible con su labor diaria, como no lo es que el profesorado bilingüe llegue a tener un acento perfecto de su segunda lengua. Pongo este ejemplo, porque se soluciona con auxiliares de conversación dentro del aula. Pues bien, de manera análoga, con un auxiliar TIC (semejante perfil y retribución al de idiomas), todos estos estos excelentes profesionales harían realidad sus maravillosos proyectos. ¿Caro? Con un 5% de lo que cuestan una actividad formativa media, se podría poner en marcha con resultados sorprendentes. Pero probar cosas nuevas conlleva una escalada de dificultades burocráticas y conceptuales que desaniman. Lo he intentado muchas veces 🙂

Podría poner muchos más casos. Puedes quedarte afónico intentando que se mejoren detalles determinantes para que la memoria de autoevaluación del centro sea más útil (ver post); o desesperarte viendo cómo la aplicación Séneca-Pasen imita a cuadernos digitales  comerciales del docente sin que que rocen siquiera su funcionalidad. Puedes agotarte en un centro ‘normal’ mientras añoras que alguien abra ventanas en centros piloto con más riesgo. Puedes estrellarte contra normativas sobre zonas educativas que parecen sacadas de un texto malo de escolástica medieval…

Todo ello tiene siempre el mismo problema: necesita organización-gestión, una organización en alguno de los tres planos (Administración educativa, Centro, Aula)  con la voluntad y competencia de personas concretas. Y esto no se arregla con una metodología muy innovadora dentro del aula. Es tan difícil hacer llegar una idea nueva a la administración que, cuando uno ve casos de éxito como los multipremiados @proyectocartama o @iedandalucia, sabe que bastaría sacar a concurso de traslados ‘normal’ todas las plazas de ambos centros para acabar con su poder innovador en un solo año.

Por supuesto que la innovación educativa es necesaria en el sistema, y hay que escribir y publicitarla en todas sus dimensiones, pero por sí sola sólo transformará un tanto por ciento muy pequeño de nuestros 4587 centros educativos (Andalucía) Creo que haría falta más estudio, más análisis, más blogs, más tweets que reclamen una administración educativa (en los tres niveles) más participativa, mucho más abierta con el profesorado de a pie. Exigir un in/out del personal de la administración hacia el aula (desde directores de centros a jefes de servicio 🙂 ) para que no se olvide la perspectiva real de lo que ocurre en el sistema. De arriba abajo no pasaremos de un puñado anecdótico de buenos casos. Y hay tantos docentes deseando participar que no se trata de cambiar unos gestores por otros sino de escuchar al profesorado.

Uno siente sana envidia cuando lee sobre encuentros entre emprendedores como Campus Madrid donde se reúnen todos los agentes para organizar sinergias en la nueva economía digital. ¿Por qué no encuentros entre profesorado, inspección, asesorías de formación, y administración educativa para que hablen sobre propuestas de mejora de nuestro sistema educativo?. En fin, algo más original y efectivo que los típicos ‘trámite de audiencia’ para discutir un borrador de normativa 🙂 Y no hablo de la LOMCE, sino de detalles mucho más cercanos al aula, el sitio donde realmente los cambios se producen. Vale, no es metodología, no es trabajo por proyectos, pero la nueva pedagogía no será generalizable sin buenos hábitos de gestión-organización que generen un ecosistema de cambio eficiente. Aquí caben multitud de temas: desde la gratuidad de los libros de texto físicos (sin cabida para financiar lo digital) hasta las comisiones de servicio, pasando por la existencia de más perfiles en los concursos de traslados, o nuevas maneras de organizar la formación.

  Las redes sociales y los medios de comunicación amplifican los debates sobre una asignatura más o menos, una metodología u otra, pero pienso  que todo esto no va a suponer, por sí sólo,  cambios globales porque no afectan al número suficiente de centros, profesorado y alumnado. Hablemos y, hagámoslo participativamente, de organización-gestión educativa si queremos que los cambios sean realmente significativos en cuanto al número de alumnas y alumnos implicados.