¿Para qué sirven las competencias clave y para qué no sirven?

La primera quincena de Julio puede ser buena para pensar sobre algunos temas a los que no podemos dedicar mucho tiempo en el mes de Junio, atropellados por la burocracia digital y la urgencia de las evaluaciones presenciales.  Uno de los temas sobre los que he escuchado opiniones más negativas en este final de curso, es el tema de las Competencias clave Al final de la última evaluación, cada docente tiene que constatar el nivel de competencia de su alumnado en cada una de las siete competencias. Los comentarios son siempre los mismos ¿para qué sirve esto? ¿quién lo va a leer? ¿quién lo va a considerar? Todos los docentes sabemos la respuesta: casi nadie está actualmente tomando en serio las competencias sino es como recurso meramente estadístico. Al realizar estos informes,   muchos docentes hemos obviado aquellas competencias sobre las que no éramos capaces de tener un juicio preciso, o bien hemos deducido las mismas en función de las notas de evaluación clásicas  Por ejemplo, la competencia matemática estaría en un nivel avanzado si la calificación en la asignatura homónima así lo indica. Incluso circulan por la Red, hojas de cálculo que transforman, de forma automática, las calificaciones ordinarias en niveles adquiridos de competencia según un peso previamente establecido para cada asignatura. Práctica que no hace sino evidenciar el absurdo de la obligación de evaluar por competencias alumno por alumno. Entonces, ¿las competencias clave no sirven para nada? A mi juicio tienen muchísima utilidad, pero no en el momento que se está proponiendo: en la evaluación final de cada curso. El tema de las competencias no es una exclusiva...

Software educativo y administración pública

Software educativo y administración pública Los que llevamos un tiempo en este sistema, recordamos con facilidad unos cuantos chascos de la administración educativa eligiendo o encargando software para aplicar en el aula y su entorno. Desde la plataforma Helvia hasta las tablets Dispositivo de aula (DDA), pasando por Colabora. Seguro que la comunidad docente más inquieta  encuentra decenas de anécdotas donde el software educativo  y felicidad no van de la mano (consultar twitter una tarde cualquiera 🙂 ) Esto está ocurriendo de nuevo una y otra vez; no es un problema de quienes son responsables políticos concretos, ni de que tengan más o menos conocimientos técnicos sobre el tema que traen entre manos. Estoy seguro de que dedican mucho esfuerzo y tiempo a hacerlo lo mejor posible. Es un problema, creo, más estructural. Por la misma razón que la administración pública no puede dedicarse a fabricar PCs tampoco le va bien cuando encarga institucionalmente software o empaqueta distribuciones educativas. La eficiencia y la proximidad a los problemas se pierden entre decenas de despachos hasta llegar a resultados que desesperan al profesorado cuando tiene delante el software. Sin embargo, no tiene por qué ser así. Como ejemplo, podemos centrarnos en dos categorías de software educativo a los que a nadie le gustaría renunciar: plataformas educativas, y cuadernos del profesorado. Es estimulante ver el desarrollo de aplicaciones como iDoceo, Additio, Edmodo, etc;  tanto como frustrante ver cómo la administración intenta poner trabas a la formación sobre algunas de estas aplicaciones Es verdad que apps oficiales como iSéneca y iPasen van mejorando, pero nunca van a llegar al nivel de desarrollo de las anteriores. Y ,además, ni siquiera...